Genéticamente y hormonalmente nacemos predispuestos hacia atracciones sexuales diversas, pero esas no afloran hasta la pubertad. Hasta entonces seguimos un patrón social aprendido de la comunidad a la que pertenecemos.
Las niñas y niños, hasta la pubertad, desarrollan afinidad y atracción hacia el mismo sexo. Nos gusta estar con niños y seguimos el ejemplo del padre en caso que seamos varones, pero eso no es siempre así. Hay niñas que prefieren amigos y niños que prefieren amigas.
Durante el azote hormonal de la pubertad y hasta su final alrededor de los 20 años, el ser humano descubre su fuente de lujuria. Esto ocurre de todas las formas que conocemos.
Una vez nos definimos con una atracción sexual adulta, entonces podemos decir que somos varones, hembras, asexuales o multisexuales.
Son demasiadas variables a considerar y existe la posibilidad de cambio.
De ninguna forma ese cambio debe ser obligado ni sugerido. Debe nacer del individuo.
En algunas ocasiones la determinación de ser una de las cuatro ocurre por traumas o por falsos conceptos.
Un análisis profesional puede ser útil para identificar la verdadera naturaleza sexual de la persona y así asistir para que retome su dharma.
jrs