jueves, 23 de enero de 2025

Siempre fui budista y no lo sabía

 

Siempre fui budista y no lo sabía

 

 

Así mismo, siempre quise estar en control de mi vida, como todos en este mundo, pero por estar apegado a falsos conceptos, desconocía que cientos, sino miles, de ancestros en Asia, ya habían descrito mi forma de pensar.  De haberlo sabido antes, hubiese aprovechado todos los “darmas” que se me habían presentado en la vida.  A mis sesenta y pico de años, al fin pude entender el por qué ciertas cosas me deprimían más que otras y también el por qué, unos comportamientos me brindaban más satisfacción que otros. 

Como bien dice un proverbio africano, al desconocer la historia, iba a la deriva como hoja seca al viento.  Sabía que algo me faltaba, buscaba en la lectura y escritura llenar ese vacío que sólo la verdadera civilización puede brindar.  No ir por ahí aceptando dogmas y prácticas sociales que poco atendían mi dilema existencial, sino también los dilemas de aquellos a los que considero familia. Veamos:

Desde muy pequeño intentaba explicar aquellas cosas que me pasaban.  ¿Por qué mis amigos me veían diferente?  ¿Por qué era más susceptible a mofa y resentimiento por otros?  Esas cosas que me pasaban, unas buenas, pero una gran cantidad de malas intentaba explicarlas.  Era común escuchar, “no te ahogues en un vaso de agua” o “dale pichón, ya te acostumbraras”.  Mientras muchos de mis amigos hacían a otros lo que les habían hecho a ellos perpetuando así las prácticas negativas, yo no podía.  Claro, cuando uno es niño a veces tiene que comportarse como sus amigos para no ser el “punto” de burla, pero me deprimía hasta que aprendí a no imitar prácticas negativas y encontré el significado de integridad.

En la práctica budista (que no es una religión sino un estilo de vida basado en las enseñanzas de Siddharta Gautama, el Buda) esas cosas que te pasan y les pasan a todos se llaman el Dukkha.  Si pierdes el balance en una bicicleta, tu Dukkha fue caerte.  Si una paloma vuela sobre ti y te deja caer su excremento, tu Dukkha fue cagarte.  Si juegas dómino y ganas un juego, tu Dukkha fue celebrar un triunfo pasajero, si le pedías el “sí” a una chica y ella aceptaba, tu Dukkha fue entablar una relación amorosa.  Todas, las buenas y las malas son Dukkha.  Son aquellas cosas que te pasan y como son parte de tu vida, tienen principio y fin.  Normalmente todo, tanto lo malo como lo bueno, genera sufrimiento tarde o temprano. 

Tan pronto se comienzan a repetir esas cosas que te pasan, busqué sus causas.  Aquellas cosas buenas, quería repetirlas y desesperaba si no ocurría aún cuando hacía lo mismo.  No tenía quién me aconsejara porque a esa edad, la pubertad, uno no acostumbra a contar sus momentos tristes ni felices.  Lo primero para no recibir lástima y lo segundo para que no me robaran las ideas.  Todo aumentaba el caos existencial.  Fueran buenas o malas, las cosas que me pasaban tenían raíces que no siempre eran fácil de identificar. 

En la práctica budista se les conoce como Samudaya a aquellas causas para el Dukkha.  He visto un sinnúmero de videos y leído ensayos sobre este Samudaya.  No he visto dos fuentes que expliquen lo mismo así que voy a resumir lo que entendí.  Los Samudaya no son otra cosa que las raíces para el sufrimiento o las raíces del Dukkha.  La mejor explicación llegó en un video de un monje budista.  Dividió los Samudaya en cuatro.  El primero era la ignorancia.  El desconocimiento crea sufrimiento y a veces, crea satisfacción.  No saber que tienes una enfermedad te lleva a no atenderte adecuadamente.  Por otro lado, no saberlo también crea despreocupación lo que te brinda un falso sentido de salud.  La segunda raíz del Dukkha es los falsos conceptos.  Creer que sabes la solución de algo, sin darte cuenta de que estás equivocado también genera sufrimiento.  En mi juventud, me sentaba a orar antes de tomar un examen.  Como tenía buena retención, aún sin estudiar sacaba buenas notas.  Lo atribuía a mi oración.  No faltó tiempo para que me tornara arrogante y dejara de poner atención.  Ni mi mejor oración me libró de sacar una F en un examen.  El falso concepto era creer que la oración me ayudaba a sacar buenas notas.  Cuando comprendí que tenía mente fotográfica, aproveché ese don y comencé a utilizarlo para salir mejor.  La tercera raíz para el Dukkha es el materialismo.  Ese apego a las cosas materiales llega a su pico cuando uno comienza a generar ingresos.  Mientras que la ignorancia se quita estudiando cuando niño y los falsos conceptos se quitan experimentando en la juventud, el materialismo estará con nosotros toda la vida.  Ese materialismo en la vida adulta ocasiona mucho sufrimiento.  Claro, también genera alegría momentánea, pero toda satisfacción material muere con el tiempo.  La última raíz del Dukkha es la lujuria.  No me refiero a la lujuria carnal, sino a la mental.  Es cuando uno deja que el animal que todos llevamos dentro busque y explote sus capacidades sexuales durante el cortejo y reproducción de la especie.  Esa raíz debe ser solucionada antes de llegar a la vejez.  Es el Samudaya más difícil de controlar y que más sufrimiento causa.  No sólo durante las decepciones de juventud, sino ante la inminente pérdida de la lívido en las últimas etapas de la vejez.  He visto viejos sufriendo porque ya no tienen compañera y viceversa.  No sólo no tener compañero, sino el no poder ejecutar el sexo como quisiera y como hacía de joven.    Son estas las raíces del sufrimiento, de las cosas que te pasan o, según menciona el budismo, del Dukkha.

Durante la mayor parte de mi vida adulta busqué una estabilidad mental.  Buscaba la forma de no ser afectado por las cosas que me pasaban.  Quería demostrar estar en control y no quería demostrar debilidad antes los percances de la vida.  Tampoco quería demostrar demasiado júbilo cuando cosas buenas me pasaban.  Quería estar centrado.  No sabía qué era lo que quería, no sabía que en Asia ya habían dado nombre a ese sentimiento centrista. 

En la práctica budista se le conoce a ese estado estable, a ese control total de los sentimientos como Nirvana.  Esta tercera noble verdad se le denomina Nirodha.  Siendo la primera noble verdad la existencia del Dukkha y la segunda noble verdad la Samudaya, el Nirodha resulta ser el total control de las raíces del sufrimiento.  Es el total desapego a todo sentimiento.  Es entrar en un mundo casi etéreo dónde no sientes y punto.  Es en esa situación cuando alcanzas la iluminación del Buda.  Cuando ni la ignorancia, ni los falsos conceptos, ni el materialismo, ni la lujuria afectan tu estado mental.  Es en esa condición cuando dejas de sufrir.

Para la cuarta noble verdad no tengo anécdotas porque lo acabo de descubrir.  Esa verdad se conoce como el Magga.  No, no tiene que ver nada con Trump.  Tiene que ver con los caminos y prácticas que te llevan a alcanzar Nirvana.  Los discípulos del Buda dividieron estos caminos en ocho.  Pero, son como los diez mandamientos.  En ninguna biblia vas a encontrar los diez mandamientos enumerados.  Sólo encuentras unos párrafos que han sido divididos en diez categorías.  Igualmente pasa con el Camino Octuple del budismo.  Yo encontré que se pueden dividir en tres igualmente importantes.  Estos tres grupos son la Sabiduría, la Ética y la Meditación.  Esta última es la más útil.  Utilizando la meditación logras explotar y aumentar tu sabiduría y te dirige a llevar una vida por un camino ético en tus conceptos morales. 

Escribiendo la novela Huellas utilicé el budismo para concluir con la trama.  No sabía yo que a pesar de que describo varias filosofías africanas, el cristianismo, el toltequismo, el islam, el hinduismo y demás religiones, fue el budismo el que se convirtió en mi estilo de vida. 

Haciendo un análisis en retrospectiva, comprendí que esa novela me sirvió para entender que siempre fui budista, aunque no lo sabía.