Siempre fui budista y no lo sabía
Así mismo, siempre quise estar en control de mi vida, como
todos en este mundo, pero por estar apegado a falsos conceptos, desconocía que
cientos, sino miles, de ancestros en Asia, ya habían descrito mi forma de
pensar. De haberlo sabido antes, hubiese
aprovechado todos los “darmas” que se me habían presentado en la vida. A mis sesenta y pico de años, al fin pude
entender el por qué ciertas cosas me deprimían más que otras y también el por
qué, unos comportamientos me brindaban más satisfacción que otros.
Como bien dice un proverbio africano, al desconocer la historia,
iba a la deriva como hoja seca al viento.
Sabía que algo me faltaba, buscaba en la lectura y escritura llenar ese
vacío que sólo la verdadera civilización puede brindar. No ir por ahí aceptando dogmas y prácticas
sociales que poco atendían mi dilema existencial, sino también los dilemas de
aquellos a los que considero familia. Veamos:
Desde muy pequeño intentaba explicar aquellas cosas que me
pasaban. ¿Por qué mis amigos me veían
diferente? ¿Por qué era más susceptible a
mofa y resentimiento por otros? Esas
cosas que me pasaban, unas buenas, pero una gran cantidad de malas intentaba
explicarlas. Era común escuchar, “no te
ahogues en un vaso de agua” o “dale pichón, ya te acostumbraras”. Mientras muchos de mis amigos hacían a otros
lo que les habían hecho a ellos perpetuando así las prácticas negativas, yo no
podía. Claro, cuando uno es niño a veces
tiene que comportarse como sus amigos para no ser el “punto” de burla, pero me deprimía
hasta que aprendí a no imitar prácticas negativas y encontré el significado de
integridad.
En la práctica budista (que no es una religión sino un
estilo de vida basado en las enseñanzas de Siddharta Gautama, el Buda) esas
cosas que te pasan y les pasan a todos se llaman el Dukkha. Si pierdes el balance en una bicicleta, tu Dukkha
fue caerte. Si una paloma vuela sobre ti
y te deja caer su excremento, tu Dukkha fue cagarte. Si juegas dómino y ganas un juego, tu Dukkha fue
celebrar un triunfo pasajero, si le pedías el “sí” a una chica y ella aceptaba,
tu Dukkha fue entablar una relación amorosa.
Todas, las buenas y las malas son Dukkha. Son aquellas cosas que te pasan y como son parte
de tu vida, tienen principio y fin. Normalmente
todo, tanto lo malo como lo bueno, genera sufrimiento tarde o temprano.
Tan pronto se comienzan a repetir esas cosas que te pasan,
busqué sus causas. Aquellas cosas
buenas, quería repetirlas y desesperaba si no ocurría aún cuando hacía lo
mismo. No tenía quién me aconsejara
porque a esa edad, la pubertad, uno no acostumbra a contar sus momentos tristes
ni felices. Lo primero para no recibir
lástima y lo segundo para que no me robaran las ideas. Todo aumentaba el caos existencial. Fueran buenas o malas, las cosas que me
pasaban tenían raíces que no siempre eran fácil de identificar.
En la práctica budista se les conoce como Samudaya a
aquellas causas para el Dukkha. He visto
un sinnúmero de videos y leído ensayos sobre este Samudaya. No he visto dos fuentes que expliquen lo
mismo así que voy a resumir lo que entendí.
Los Samudaya no son otra cosa que las raíces para el sufrimiento o las
raíces del Dukkha. La mejor explicación
llegó en un video de un monje budista. Dividió
los Samudaya en cuatro. El primero era
la ignorancia. El desconocimiento crea
sufrimiento y a veces, crea satisfacción.
No saber que tienes una enfermedad te lleva a no atenderte
adecuadamente. Por otro lado, no saberlo
también crea despreocupación lo que te brinda un falso sentido de salud. La segunda raíz del Dukkha es los falsos
conceptos. Creer que sabes la solución
de algo, sin darte cuenta de que estás equivocado también genera sufrimiento. En mi juventud, me sentaba a orar antes de
tomar un examen. Como tenía buena
retención, aún sin estudiar sacaba buenas notas. Lo atribuía a mi oración. No faltó tiempo para que me tornara arrogante
y dejara de poner atención. Ni mi mejor
oración me libró de sacar una F en un examen.
El falso concepto era creer que la oración me ayudaba a sacar buenas
notas. Cuando comprendí que tenía mente
fotográfica, aproveché ese don y comencé a utilizarlo para salir mejor. La tercera raíz para el Dukkha es el
materialismo. Ese apego a las cosas
materiales llega a su pico cuando uno comienza a generar ingresos. Mientras que la ignorancia se quita estudiando
cuando niño y los falsos conceptos se quitan experimentando en la juventud, el
materialismo estará con nosotros toda la vida.
Ese materialismo en la vida adulta ocasiona mucho sufrimiento. Claro, también genera alegría momentánea,
pero toda satisfacción material muere con el tiempo. La última raíz del Dukkha es la lujuria. No me refiero a la lujuria carnal, sino a la
mental. Es cuando uno deja que el animal
que todos llevamos dentro busque y explote sus capacidades sexuales durante el
cortejo y reproducción de la especie. Esa
raíz debe ser solucionada antes de llegar a la vejez. Es el Samudaya más difícil de controlar y que
más sufrimiento causa. No sólo durante
las decepciones de juventud, sino ante la inminente pérdida de la lívido en las
últimas etapas de la vejez. He visto
viejos sufriendo porque ya no tienen compañera y viceversa. No sólo no tener compañero, sino el no poder
ejecutar el sexo como quisiera y como hacía de joven. Son estas las raíces del sufrimiento, de
las cosas que te pasan o, según menciona el budismo, del Dukkha.
Durante la mayor parte de mi vida adulta busqué una
estabilidad mental. Buscaba la forma de
no ser afectado por las cosas que me pasaban.
Quería demostrar estar en control y no quería demostrar debilidad antes
los percances de la vida. Tampoco quería
demostrar demasiado júbilo cuando cosas buenas me pasaban. Quería estar centrado. No sabía qué era lo que quería, no sabía que
en Asia ya habían dado nombre a ese sentimiento centrista.
En la práctica budista se le conoce a ese estado estable, a
ese control total de los sentimientos como Nirvana. Esta tercera noble verdad se le denomina Nirodha. Siendo la primera noble verdad la existencia del
Dukkha y la segunda noble verdad la Samudaya, el Nirodha resulta ser el total
control de las raíces del sufrimiento. Es
el total desapego a todo sentimiento. Es
entrar en un mundo casi etéreo dónde no sientes y punto. Es en esa situación cuando alcanzas la
iluminación del Buda. Cuando ni la
ignorancia, ni los falsos conceptos, ni el materialismo, ni la lujuria afectan
tu estado mental. Es en esa condición
cuando dejas de sufrir.
Para la cuarta noble verdad no tengo anécdotas porque lo
acabo de descubrir. Esa verdad se conoce
como el Magga. No, no tiene que ver nada
con Trump. Tiene que ver con los caminos
y prácticas que te llevan a alcanzar Nirvana.
Los discípulos del Buda dividieron estos caminos en ocho. Pero, son como los diez mandamientos. En ninguna biblia vas a encontrar los diez
mandamientos enumerados. Sólo encuentras
unos párrafos que han sido divididos en diez categorías. Igualmente pasa con el Camino Octuple del
budismo. Yo encontré que se pueden
dividir en tres igualmente importantes. Estos
tres grupos son la Sabiduría, la Ética y la Meditación. Esta última es la más útil. Utilizando la meditación logras explotar y
aumentar tu sabiduría y te dirige a llevar una vida por un camino ético en tus
conceptos morales.
Escribiendo la novela Huellas utilicé el budismo para concluir
con la trama. No sabía yo que a pesar de
que describo varias filosofías africanas, el cristianismo, el toltequismo, el
islam, el hinduismo y demás religiones, fue el budismo el que se convirtió en
mi estilo de vida.
Haciendo un análisis en retrospectiva, comprendí que esa
novela me sirvió para entender que siempre fui budista, aunque no lo sabía.