jueves, 12 de noviembre de 2020

El Banquete: Platón

Este escrito de Platón me esquivó durante todos mis años universitarios y posteriormente como 
adulto. Nunca había escuchado de él y nunca lo había analizado. Hoy, 17 de oct. de 20 lo vi en Facebook, 
lo bajé y lo leí. ¿Quién iba a decir que incluye varios clichés repetidos a lo papagayo por muchos? Ahora 
voy a analizar su verdadero significado a mi parecer.
Platón escoge el contexto de un festín dónde se encuentran varios filósofos preparando una tertulia. 
El encuentro se organiza por un tal Agatón y al que se invita sólo el filósofo Sócrates. Acuerdan los 
presentes discutir sobre el amor y se distribuyen los turnos alrededor de la mesa. 
Una de las primeras premisas con las que preceden el diálogo es que los hombres son los más 
inteligentes y fuertes. Cada uno de los presentes utilizan metáforas y parábolas para elogiar el Amor. 
Todos intentan crear conciencia de la importancia de éste en las relaciones humanas y enaltecen el amor 
entre hombres. Si esto lo lee una persona del siglo 21 enseguida deja que su visión sexual contemporánea 
asigne tendencias homosexuales. Nada más lejos de la realidad. 
Algo que me enseñó este escrito de Platón es que el hombre griego veía la sexualidad y las relaciones 
intersexuales bien diferentes. Dentro del contexto del amor hacen la salvedad, casi de inmediato, de la 
existencia de dos Venus y dos tipos de amores procedentes de esta. El amor popular y el amor celestial. 
Mientras aclaran que el amor popular envuelve la atracción física y la lujuria, el amor celestial no tiene 
edad ni sexo. De una forma que no pude entender bien, Sócrates logra que su turno sea el último dejando 
que Agatón, el anfitrión y “amante” de Sócrates, describa su visión del amor. 
Nunca en “El Banquete” existe ni una mención al sexo carnal que no sea para criticarlo. Todas las 
variantes del amor o el término amantes son aclarados por uno de los filósofos. Queda claro que la 
intención del conversatorio era para elogiar al dios Amor, nada más. 
Sin embargo, es Sócrates quién se roba el espectáculo con su alocución. Lo primero que destruye es 
la premisa de que las mujeres no son inteligentes. Utiliza una conversación con una mujer de la que 
aprende el significado del amor. Esa fue su mejor opción para demostrar que hasta el más inteligente 
entre los filósofos puede aprender de una mujer. Luego procede a erradicar la noción de que el amor se 
puede poseer o manipular dejando claro su utilidad reproductiva tanto como fraternal. 
Platón no se queda con la parte filosófica y utiliza a Sócrates para desbancar cualquier intención de 
hacerlo ver como un depravado. Llega al banquete un joven borracho que adora a Sócrates y quién 
intentó por todos los medios de acostarse con él. Sin embargo, muy genialmente, Platón limpia el nombre 
de Sócrates para esta generación. El filósofo rechazó todo intento del joven quien lo único que quería era 
satisfacer a su mentor. Al final, aunque Sócrates amaba a todos y se consideraba amante de muchos, 
nunca tuvo sexo con alguno porque su amor era PLATÓNICO, un amor de filósofo.
Jaime Rivera Sierra 

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